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MELODÍAS DE BROADWAY 1955

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este siglo XXI el musical ya no es lo que era, viene muy bien recordar que hubo un tiempo en que el género fue el rey y que se producían muchos más musicales que de ningún otro género especialmente en el período de 1935 y 1950. Este película, obra maestra del musical, cuenta con la presencia de la inagotable fuente de recursos e inspiración en movimiento que fue Fred Astaire y la impagable presencia de una Cyd Charisse en el esplendor de su belleza y talento. En ella, se encuentran algunos de los números más recordados del musical norteamericano: "Shine on my shoes", "That's entertainment", "Dancing in the park", "Louisiana Hayride" y el último que, es un desbordante, delicioso y magistral homenaje al cine negro. El guión es soberbio y las interpretaciones memorables. Todo con el esmero y el lujo de las producciones MGM de 1955... ¡Qué elegancia! !Qué glamour! !Qué sentido del humor! !Qué maravilla! ¡Éso es el verdadero espectáculo!...El musical de Hollywood fue un género que gozó de enorme éxito y la incorporación a la Metro de Arthur Freed a finales de los años treinta, supuso que los mejores guionistas , músicos, letristas, actores y directores del género trabajasen bajo contrato de la productora convirtiéndola en la especialista de los musicales que todos recordamos y que llevamos grabados en nuestra mente y recuerdo. La unión Vincente Minnelli-Arthur Freed, proporcionó un gran número de musicales de concepción bien distinta de lo que se había visto hasta entonces. El argumento se entrelazaba con las partes musicales en un tránsito menos artificioso y que suponían una continuación fluida de la historia, creando películas de maravilloso recuerdo como CITA EN ST. LUÍS y UN AMERICANO EN PARIS, hasta llegar a la que sería la obra cumbre MELODÍAS DE BROADWAY 1955.

Tomando como base el montaje de una producción en Broadway, vamos conociendo las vicisitudes de los actores que intervendrán en el proyecto, sus dudas ante los papeles que deben representar, los problemas de financiación, los extenuantes ensayos y el fracaso que resulta ser la ambiciosa y fatua representación de un Fausto cantado y bailado, así como su consiguiente reconversión en lo que era la idea original, un musical al más puro estilo de Broadway. Desde el momento en el que, al comienzo de la película, Fred Astaire baja del tren que lo traslada de Hollywood a Nueva York y comienza a cantar “By myself”, sentimos que la vida se va a iluminar durante unos minutos. La alegría que desprende el número de los trillizos, la elegancia del suave claqué de Jack Buchanan y Astaire en “I’ll have a change my plan”, así como el amor por el espectáculo que desencadena el estimulante tema “That’s entertaiment”, despiertan los sentidos, el amor a la vida y al cine que estamos viendo.“Shine on your shoes” es uno de los más grandes momentos que hayamos podido ver de Fred Astaire en solitario. Sus elásticos movimientos acompasados por su inconfundible voz y rodeado de ruido, luz y color, nos hace movernos del asiento a golpes del limpiabotas y sentir la efervescencia y el optimismo que desprende. Pero cuando aparece junto a Cyd Charisse, nos encontramos ante la mejor pareja de baile de la historia cinematográfica y el mítico número en Central Park “Dancing in the dark”, transmite las más fuertes y agradables sensaciones que un baile y una música envolvente puede proporcionar. Sus movimientos volátiles, como suspendidos en el aire junto con la extraordinaria música, casi aterciopelada que Conrad Salinger hizo del tema, lo convierten en un espectáculo emotivo, elegante, mágico y altamente sensual. El espectacular número final “The girl hunt” con una puesta en escena y una coreografía novedosa, al más puro estilo negro, vuelve a proporcionarnos momentos sublimes de la pareja. Colores, música, movimientos, todo queda indisolublemente mezclado dando lugar a una pieza perfecta.

Es una película de obligada visión por ser una obra maestra en su género y, posiblemente, el último gran musical de la llamada época dorada de Hollywood pero, sobre todo, es recomendable porque garantiza momentos de absoluta felicidad, un puro deleite y un festín para los sentidos. Al fin y al cabo, como todos cantan unos segundos antes de bajarse definitivamente el telón: That’s entertaiment.

 


Es uno de los mejores musicales de todos los tiempos, producido por Arthur Freed, responsable de otras maravillas como: Un americano en París, Cantando bajo la lluvia o La bella de Moscú. El tema argumental es muy simple, Tony Hunter es una estrella del cine, algo desvaída y en horas bajas, que viaja hasta Nueva York para participar en un musical en Broadway. Allí le esperan los Marton, el matrimonio amigo que ha escrito la obra, quienes le presentan al director Jeffrey Cordova. Como coprotagonista femenina deciden contratar a la bella Gabrielle Gerard, una joven bailarina de ballet. Pero Cordova, obsesionado con las grandes obras clásicas, enfoca la historia hacia una versión trágica de "Fausto", lo cual no agrada al resto del equipo. El film es una delicia y un modo excelente de comprender cómo funcionaban los montajes musicales del Broadway de la época. La música posee grandiosos temas escritos por Arthur Schwartz y Howard Dietz. La pareja Astaire-Charisse está lo siguiente a extraordinarios, inconmensurables y ofrecen algunos de los mejores números de la historia, como el bellísimo baile en el Central Park "Dancing in the Dark" o el espectacular número final "En busca de la chica", con divertida atmósfera de cine negro. Algunas melodías han pasado a la historia, como la mencionada "Dancing in the Dark" o las pegadizas "That's Entertainment" y "A Shine on Your Shoes". También quiero fijar mi interés en el diseño de vestuario, obra de Mary Ann Nyberg, que fue nominada al Oscar, al igual que los guionistas y el compositor de la banda sonora. Este film me tiene embrujado por sus múltiples vericuetos y resonancias. Algunos la han situado junto a Cantando bajo la lluvia, como paradigma de un cierto cine que funciona como centro aglutinador de todo el historial de este género. Es decir, este Fred Astaire puede reconocerse como un prototipo ideal del bailarín-cantante-actor que finalmente depone su ego ante el descubrimiento del verdadero amor y el verdadero compañerismo. Su lenguaje corporal es único, es etéreo, es insondable. Cyd Charisse puede aceptarse como el maniquí vivo, trascendente, de todo sujeto de experimentación alegórica. Un símbolo, un objeto de deseo, una figura de humo que se entrega a todos los disfraces y a todas las poses, permaneciendo siempre fiel a su eje. No existe el mas mínimo tiempo de relleno en esta maravillosa muestra de un cine que hoy sería impensable hacer. Imposible de realizar, tal vez, imposible de apreciar, casi imposible de disfrutar, pero nó por los cinéfilos y buscadores de tesoros perdidos. Si el cine marca la muerte de la Civilización del Ojo, según dijo Ignacio Gómez de Liaño, entonces esta película designa, dentro de esa gran muerte, la pequeña muerte o el pequeño desmayo de cierta sensibilidad extraña que solo atesoran los niños, los locos y los pintores de paisajes mentales. Un cine de gran belleza, sin pretensiones ni prejuicios visibles, MELODÍAS DE BROADWAY 1955 se nos sigue mostrando viva como muy pocas.

Existen dos grandes épocas en el musical americano. Una primera, que correspondería, básicamente, a los años 30, con las películas de Busby Berkeley y las excelentes y míticas de Fred Astaire y Ginger Rogers. Y una segunda, que, según los críticos, se iniciaría con "Un día en Nueva York". En esta segunda época, los números musicales sirven para hacer avanzar la trama, insertándose armónicamente, culmina, a mi juicio, con "Cantando bajo la lluvia" y "Melodías de Broadway 1955", que representan la cima del clasicismo mas loable. Pero, si "Cantando bajo la lluvia" representa ese momento eufórico y optimista que se alcanza cuando se llega a la cumbre de una montaña, "Melodías de Broadway 1955", reflejando también un estado alegre y festivo, muestra, sin embargo la nostalgia y la melancolía de saber que en la cumbre no se puede permanecer mucho tiempo, y que pronto habrá que descender de nuevo. "Cantando bajo la lluvia" mira con satisfacción la cuesta que se ha subido, pero también la rampa que queda por bajar. Por eso, "Melodías de Broadway 1955" me parece el mejor musical de la historia. Porque sabe combinar la alegría propia del género con cierta sensación de tristeza. Nunca se podrá repetir un momento como ése, con un Fred Astaire eterno, con una Cyd Charisse en pleno esplendor de su arte y belleza, y con esos secundarios geniales como Jack Buchanan y, por supuesto, Óscar Levant. Pero también es un gran musical porque los números musicales son inolvidables. Imposible es no recordar la euforia de "That´s entertainment", el romanticismo maravilloso del baile en el parque, la clase y la divertidísima parodia que representa "The girl hunt".

 

Dijo Gene Kelly que no era posible encontrar un sólo autor en los musicales. Por supuesto. Todos los que participaron en esta película tienen parte del gran éxito, pero contamos con la dirección del maestro Vincente Minnelli, que levanta el grueso telón como nadie, demostrado en toda su filmografía ser el mejor director de musicales del mundo. Cantan los protagonistas en el tema "That´s entertainment" que el adiós trae las lágrimas. Y es verdad. Pero no menos cierto es que podemos enjugar esas lágrimas en cualquier momento, porque "Melodías de Broadway 1955" siempre nos estará esperando para compartir un rato excelso cincuenta años después y volvamos todos a maravillarnos con ellos. Es un excelente musical, en la obra se funden las canciones, la coreografía y el baile con la historia que narra la película, de tal manera que ésta es la que da unidad y explica los sucesivos números musicales. El lenguaje cinematográfico asimila el musical, lo incorpora a su estructura narrativa y resulta una película con personalidad propia, con una unidad bien definida, que utiliza los números para explicar los sentimientos de los personajes, su alegría de vivir, sus deseos y ambiciones. Son memorables las actuaciones de Fred Astaire en los números de música, baile y voz y se supera en "Dancing In The Dark". La mano de Minelli da a la obra un toque de lujo, una áurea brillante y un contenido que aúna admirablemente espectáculo y entretenimiento. Estrenada en 1953, es algo posterior al musical norteamericano "Cantando bajo la lluvia", de Gene Kelly. Junto a éste "The Band Wagon" se sitúa en una posición destacada por su calidad, equilibrio entre forma y fondo, coherencia narrativa y brillantez visual. Un ejemplo magistral y mayor dentro del cine americano de cómo hacer una película de género de manera sobresaliente a partir de que se nota que la película funciona como una gran familia en la que cada miembro juega su rol y el otro se le respeta y le admira hasta lograr un resultado memorable. Festiva, sofisticada, optimista y cuenta con canciones y números musicales inolvidables. MELODÍAS DE BRADWAY 1955 es el musical por excelencia, una cinta inolvidable realizada para entretener, como anuncia en el arranque, y subraya en el final, la letra de la famosa canción que sirve como banda sonora del Cine: "That's Enterteinment".
 


El filme es sencillo en apariencia, pero encierra un resumen del género que pone al día al espectador. Así, la estructura es fiel al viejo estilo de los años treinta y cuarenta, es decir un musical de los llamados "backstage", donde la trama se centraba en la preparación de un espectáculo y donde los actores, profesionales de la danza, interpretaban a cantantes y bailarines en una simbiosis ficción-realidad. En "Melodías de Broadway 1955" se llegaba aún más lejos cuando los protagonistas y los secundarios manejaban una situación real o daban vida a personajes que habían intervenido en la representación de “The Band Wagon” en Broadway. Fred Astaire se interpreta a sí mismo doblemente: primero, refleja su estancamiento a principios de los cincuenta, justo antes de triunfar con esta película, y segundo, él fue el que realizó dicha función en 1931. El papel de Cyd Charisse también parece extraído directamente de su propia vida; Jack Buchanan hace una parodia de Orson Welles y Oscar Levant y Nanette Fabray dan vida a los verdaderos guionistas de la película: Betty Comdam y Adolph Green. Pero el maestro Minnelli no se queda atrapado en el tiempo. Inserta en la trama los números más innovadores que se habían visto hasta entonces. Astaire baila y canta entre una multitud sin que la acción provenga de un ensayo de la obra o tenga motivo musical. La cámara forma parte de la coreografía y, en los pasos finales del número, gira lentamente, casi 360 grados, acompañando a Fred Astaire en su juego, con diversas atracciones de feria y con la complicidad de un limpiabotas. Vicente Minnelli utiliza el baile y la música para contar historias, como lo demuestra en todos los números, como por ejemplo donde Fred Astaire y Cyd Charisse bailan una secuencia mas que maravillosa, al son de música de jazz.



La actuación de Cyd Charisse merece un comentario aparte. Es tan intensa como el color rojo de sus vestidos, fiel al gusto Minnelli-. Se mueve por el escenario, se pasea, vuela, hipnotiza. Por primera vez roba a Fred Astaire el protagonismo y se hace dueña de la pantalla, donde el bailarín, mera comparsa, inicia el baile de espaldas en señal de sumisión, rendido completamente a su compañera. Cyd cursó estudios de ballet clásico. Bajo el pseudónimo de Maria Istomina, bailó en los Ballets Rusos de Montecarlo, y trabajó con David Lichine, Leonid Massine, Bronislava Nijinska, Michel Fokine. En el año 1939, contrajo matrimonio con el bailarín Nico Charisse. En 1943 hizo su debut en la pantalla en un ballet de "Something to Show About", bajo el pseudónimo de Lily Norwood. El mismo año, interpretó a una bailarina del Bolschoi en "Mission to Moscow" de Michael Curtiz. Bailó con Fred Astaire en Ziegfeld Follies de Vicente Minnelli. En The Harvey Girls, de George Sidney, con Judy Garland, y demostró sus aptitudes también como cantante. Apareció regularmente en números de baile de películas con Judy Garland, Margaret O'Brian, Esther Williams y Kathryn Grayson. Se casó con el cantante Tony Martin en 1948. Consiguió la fama en el Broadway Melody Ballet, con Gene Kelly y en la más celebre de las películas musicales: Cantando bajo la lluvia del propio Kelly y Stanley Donen. Pero fué en Melodías de Broadway 1955, su consagración definitiva al compartir el protagonismo con Fred Astaire. Volvió a trabajar con Gene Kelly en un musical de Vicente Minelli, "Brigadoon", extraordinaria película, e interpretó el papel creado en 1939 por Greta Garbo, en la versión musical de Ninotchka que dirigió Rouben Mamoulian: La bella de Moscú. Trabajó en shows para la televisión y en el teatro con Tony Martín. Falleció el 17 de junio de 2008 a los 86 años en el Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles, después de sufrir un ataque cardíaco. La Metro aseguró sus piernas por valor de cinco millones de dólares, convirtiéndolas en las más valiosas de la historia del cine. No era ninguna excentricidad. Cyd Charisse se hizo famosa en todo el mundo gracias a sus largas y esculturales piernas que además se movían con una elegancia sin par cuando la actriz bailaba. Además de piernas, Cyd Charisse puede presumir de otra cosa: ser una de las seis actrices, junto a Judy Garland, Rita Hayworth, Vera-Ellen, Debbie Reynolds y Leslie Caron, que han bailado con Fred Astaire y Gene Kelly, los dos mejores bailarines que ha dado el cine.
 

 

MELODÍAS DE BROADWAY 1955, relata la participación de una estrella en decadencia, Fred Astaire, en una adaptación teatral del mito de Fausto. El aire intelectual del asunto convierte la obra en un fracaso y sólo triunfará cuando se olviden del mito y se dediquen a adaptar musicalmente géneros más accesibles. La rebelión del equipo técnico y artístico convierte la obra en un espectáculo de variedades, una adaptación del ambiente del western dejando de lado todo halo trágico o, sobre todo, una parodia musical del cine negro y la novela folletinesca De este modo, el número detectivesco funciona porque el espectador conoce los códigos del cine negro y reírse con su crápula adulteración. El carácter popular del cine hace que surjan una serie de imágenes que el espectador sabe descifrar gracias a su experiencia aunque nunca se haya parado a analizarlas. Vicente Minnelli aprovecha los conocimientos de la masa para relanzar la obra ficticia y escribir un discurso de autor. THE BAND WAGON, intenta escoger aspectos clave de la vida norteamericana, reivindicando así una cultura popular. He aquí una serie de ejemplos ilustrativos: el paseo por los carteles luminosos de Broadway, la tarde en el centro comercial, los extras perfectamente escogidos: marineros en su día de permiso hasta simpáticos conductores de autobús, el paseo en caballo por Central Park, o, sobre todo, la defensa de la democracia en América hasta en los más pequeños contextos, en este caso una habitación de hotel destartalada con todo el equipo descontento como método más eficaz para que la verdad y la justicia prevalece conduciéndonos hasta el éxito y el amor. Resulta, de todos modos, curioso, que, en “The Band Wagon”, la última herramienta hacia la victoria huya de lo estrictamente popular y continúe siendo el arte de museo: en esta ocasión el dinero para financiar la nueva obra saldrá de la colección de pinturas del personaje de Astaire. Podemos así incluir dos lecturas de un mismo acontecimiento: el arte del erudito como salvador o, simplemente, el dinero como medio básico para la gloria. Algo así como el doble carácter del maestro Minnelli, siempre moviéndose entre su persona y el estudio. Si a Minelli el trabajo en los grandes estudios le educó para reafirmarse como autor, y el tiempo vivido en Estados Unidos le sirvió para apropiarse de lo indígena y sentir su patria más suya desde el  momento de su nacimiento. Podría decirse que, en este sentido, la vida autentica del maestro transcurre en un doble mundo popular e intelectual, importado y exportado, en los límites del género y la abstracción,… Sus obras siempre acaban reflejando la contradicción de fronteras en su vida.

 


Si tuviera que elegir los cinco musicales que más me gustan, no vacilaría: uno de ellos es Melodías de Broadway, 1955. Disfruto mucho con el musical y adoro este film. Este género tan singular concentra y sustancia, como ningún otro, la energía, la viveza y la alegría de vivir. Como ocurre con la mayoría de títulos de esta categoría, el argumento base no es lo principal. En muchos casos, y el que ahora nos ocupa no es una excepción, según lo califica el mismo Vincente Minnelli,  en su muy recomendable autobiografía: "" Recuerdo muy bien."" Se trata del título de una de las canciones de Gigi, interpretada por Maurice Chevalier: " I Remember it Well."

 

 

Así cuenta Minnelli la trama de The Band Wagon:

-"Un actor cinematográfico pasado de moda toma un tren para Nueva York, donde se encuentra con dos comediógrafos amigos, que le convencen para que haga teatro en Broadway. Le presentan a un notorio director que le elige, junto a una bailarina de orientación clásica, para una producción que se vuelve más pretenciosa y rimbombante conforme el ego del director se interesa en ella. Se estrena con un fracaso estrepitoso, pero los miembros de la compañía deciden remodelar la obra y presentarla en Broadway como el pasatiempo masivo que pretendían originalmente. El actor y la bailarina se enamoran.»

 

 

Ver a Cyd Charisse bailar es todo un prodigio de arte al mas puro estilo, su cuerpo es como una pluma, sus piernas danzan y danzan como si le llevaran los propios ángeles, y hacer pareja con el maestro Astaire, le dan a MELODÍAS DE BROADWAY 1955 una categoría pocas veces vista en el cine. BRIGADOON fué otro gran clásico a tener en cuenta, quizá mas íntimo, mas misterioso, pero no por ello menos valorado, digamos que BRIGADOON es lo contrario de melodías, y donde Minelli puso mas de sí, los bailes de Cyd con Gene Kelly en el bosque es puro cine elevado a la enésima potencia, y el cuerpos de estos dos bailarines nos adentra en el misterioso mundo de una ciudad llamada BRIGADOON,  un pueblo mágico que aparece un día después de cien años...

La recomiendo a todos los cinéfilos y adeptos al musical clásico. Es una de esas películas que no deben dejar de verse.

Bellas imágenes de BRIGADOON:

 

 

 

The Band Wagon es, en verdad, mucho más. En cuanto a la significación y alcance de la historia narrada, la cinta cabe calificarla, junto con Cantando bajo la lluvia, de  emblemática en la transición de un género que precisa de renovación; por ejemplo, generacional y en cuanto a estilo. Esa circunstancia está perfectamente personificada por Fred Astaire. El actor, cantante y bailarín cuenta 54 años. Ha elevado la danza ligera al máximo nivel; y bajo mi criterio, hasta la fecha, jamás superado. Ha sido pareja de baile de Ginger Rogers, Eleanor Powell, Judy Garland, Betty Hutton, Jane Powell. Pero faltaba Cyd Charisse. He aquí una inmejorable oportunidad para unir en la pista y el plató al dúo danzante más elegante del género. Hicieron juntos La bella de Moscú, un muy logrado remake musical, Ninotchka de Greta Garbo...Y todavía a Fred le queda por filmar "Papá, piernas largas", dando la mano a una dulce Leslie Caron, y "Una cara con ángel", donde quedamos embriagados por una jovencísima Audrey Hepburn, actriz que tenía el don de que todo lo que hacía lo convertía en oro. Audrey y Astaire con esta película hicieron historia.

 

 

 

 

MELODÍAS DE BROADWAY 1955, representa un soplo de aire fresco que regenera y oxigena un género indestructible. ¡Cómo puede morir el símbolo fílmico de la vitalidad! Contiene algunos de los números de baile de la pareja más memorables de toda la historia del cine. La rebelión del equipo técnico y artístico convierte la obra en un espectáculo de variedades musicales. El carácter popular del cine hace que surjan una serie de imágenes que el espectador sabe descifrar gracias a su experiencia aunque nunca se haya parado a analizarlas, y Vincente Minnelli aprovecha sus conocimientos para relanzar la obra ficticia y escribir un discurso de autor. The Band Wagon intenta escoger aspectos clave de la vida norteamericana, sus parques idílicos, sus estudios, la locura de la elección del vestuario, la perfección que mana de su protagonista en todo lo que realiza, el egoísmo nato de todo artista de conseguir la cumbre y para ello Minelli nos regala una película cuyo paso del tiempo se ha quedado congelado. Volvemos a ver una y otra vez las piruetas de un ángel llamado Cyd Charisse, el arte supremo de un infatigable Fred Astaire, dejándonos embriagar del espíritu, el alma, el amor y la propia existencia, cuando tenemos ante sí una autentica obra maestra del Séptimo Arte.