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LA HUELLA

Joseph L. Mankiewicz

 

 

 

 

 

 

 

La huela es una obra teatral, configurada con todo el peso de la escenografía y las actuaciones, partiendo de un guión maravillosamente construido al servicio de un duelo de genios, un guión en el que se insinúa el carácter de enorme burla y su distanciamiento de ser el típico thriller, mediante varios instrumentos: el humor, su marcada teatralidad, un acusado tono de suspense psicológico y moral, y una sátira del género detectivesco clásico. En la trama hay varios juegos, como la resolución de la primera treta, que para mi no es deficiente como algunos críticos insinuaron, sino todo lo contrario, y ello nos sitúa en una especie de circo humano, desalmado, peligroso y sorprendente. Creo que el recurso a esa descomunal elipsis encaja y coadyuva al clima de juego y engaño constante. Gracias a ese despiste, el espectador deja de ser un observador para convertirse en parte del laberinto, en parte de la confusión. Recuerdo perfectamente que cuando la vi por primera vez me cuestionaba lo siguiente: ¿Lo sabe Olivier?,¿Será o no será el mismo personaje?,¿Vamos por delante de la cinta o vamos por detrás? El rompecabezas, por fin, se convierte en algo propio. No sólo de Caine y Olivier, tú como espectador pasas a ser parte activa del complot. Mankiewicz no apura las posibilidades de este hallazgo, y se agradece el desconcierto. Y se asimila así precisamente por una cuestión que el mismo director le haya adjudicado previamente la condición de defecto y no de virtud que es, según creo, la que le corresponde. En un tono íntimo y teatral es la mejor forma que puedo emplear para rendir tributo a la raíz de toda la historia, de presentar sus pretensiones y sus objetivos. Lo siento y lo veo como una perfecta recreación de la encerrona de un gato a un ratón… O de un ratón a un gato. LA HUELLA es teatro, desde luego, pero Mankiewicz siempre fue un director muy teatral en la dirección de actores y en la gestión de recursos técnicos. Pero en este film hay una especie de recuperación de las viejas claves de novelas de misterio, un clima de divertimento macabro, de intriga absorbente y clásica, en este caso, porque lo teatral encaja. Como encaja la mansión, los batines de seda, los atizadores y un sótano a lo Allan Poe.


Mankiewicz y su estilo se ajusta a una película que busca imitar el teatro, y eso no me parece mala cosa si consigue realmente que el espectador de cine se sitúe en una butaca de club (ahí esa elipsis antes mencionada encaja, es un recurso más de teatro que de guión cinematográfico). Y es que en ocasiones, un director y su estilo encuentra acomodo en una historia y otras no. En este caso cine y teatro se funden a la perfección (la propia película juega a eso desde los títulos de crédito, incluso al director se le nota incómodo en los escasos exteriores con un movimiento timorato de la cámara en espacio abierto). Mankiewicz siempre se manejó mejor, probablemente porque así aprendió el oficio, en espacios cerrados. Y a mí me parece lícito y plenamente disfrutable que un formato copie otro, que lo adapte sin pervertirlo y homenajee sus claves. Y además es completamente congruente, en este caso, con el hecho de ser la última cinta de este director. Me parece un fantástico compendio de su estilo, su particular homenaje a una forma de hacer cine y a un encanto que, ya entonces, estaba desapareciendo.

Recuerdo aquella tarde gris acompañado por una compañera de trabajo por la que yo creí sentir algo parecido al amor, en realidad era impresión por su enorme estilo y glamour... Lo supe poco después. La llevé a ver LA HUELLA, por aquellos años Laurence Olivier era el espejo en el que yo me miraba a diario, era mi referente como hombre, como esposo de Vivien, como el mejor actor que había conocido en pantalla y como destino....Por él viaje a Londres, conseguí unas entradas y desde entonces, extasiado admirándole sobre el escenario interpretando LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE, puedo decir que se formó una aureola en mi persona tan grande, que puedo decir sin pudor, que hubo un Juan antes de aterrizar en Londres y otro distinto al llegar a Barajas. Admiro a muchos actores y actrices, ellos fueron mi piedra de toque para crear este espacio web, pero como Laurence Olivier y Marlon Brando, ninguno que pueda hacerme volar al crepúsculo donde moran. Son mis gigantes del arte y siempre danzarán en mi corazón.

 

 

 


Volviendo a la película donde obtienes fantásticos resultados de disposición de los objetos, los grotescos muñecos y los actores. Y es que los protagonistas no son, finalmente, más que marionetas… O al menos así se trata el uno al otro, como juguetes; desde la prepotencia, competitividad, la desconfianza y revancha propias de clases sociales distintas. Probablemente, diría Makiewicz, como pasa ahí fuera… Mankiewicz firma aquí una OBRA MAESTRA sin paliativos ayudando por su innegable talento para crear escenarios y construir ingeniosos diálogos. El señor Wyke, papel que borda Olivier, destacado novelista de obras de misterio, en la onda de Agatha Christie, y ganador del premio Edgar Allan Poe por la construcción de novelas detectivescas con un protagonista a la altura de las más grandes construcciones literarias, el egregio detective Lord Melidou, invita a su reciente vecino de mansión un señor de origen italiano Milo Tindol, espléndido Michael Caine, un hombre hecho a sí mismo y con cierto complejo de perdedor, tal vez porque durante todos estos años logró prosperar dentro de una misma generación del estilo tradicional italiano al imponente estilo georgiano inglés, y dedicándose en la actualidad al negocio de los centros de belleza. Wyke encarna el espíritu más perversamente sádico del alma humana, de aquellas personas que habiendo tenido cierto éxito en la vida disfrutan humillando a otras personas que por su cuna y naturaleza consideran inferiores. De hecho, Wyke invita a Tindol a su mansión para hacerle partícipe de sus sádicos juegos de humillación y sumisión con los que tanto disfruta. Y en ese lugar, tiene lugar una de las más grandes historias jamás contadas que yo he disfrutado en el cine, todo a través del visor de una cámara cinematográfica. Éste propondrá a su huésped una trama teóricamente beneficiosa para los dos, pero que finalmente se rebelará como uno de los pérfidos y sádicos juegos. Recuerdo la mansión del escritor, llena de muñecos autómatas de cera que ayudan a sobredimensionar aún más la grotesca atmósfera en la que en todo momento se ve imbuida la trama, como el jocoso "Jack, el marinero jovial", siempre presto a reír los juegos sado-masoquistas de su amo, el busto de Poe sobre la repisa de la chimenea, y que de alguna manera sirve como homenaje a este MAESTRO del misterio y de la "miseria humana más recóndita" presidiendo en todo momento la trama, como si estuviera esperando dar su veredicto. Caine disfrazado de Joey el Payaso sirviendo de conejillo de indias para el iniciático juego de Wyke, y una vez descubierto el entuerto respondiendo al maestro Wyke con el mismo tipo de juegos, espoleado por su orgullo tremendamente afrentado y mancillado. Contiene temas de Cole Porter como el "Anything Goes" sirviendo de esclarecedoras pistas en uno de los juegos vendetta replanteados por Tindoll a Wyke, ingeniosos diálogos a la altura de los más grandes guionistas del Holywood dorado, atmósfera psicológicamente acongojante, y unas actuaciones que sobrepasan los límites de la más inverosímil perfección, hacen que este film sea una obra mas que IMPRESCINDIBLE de todos los tiempos.


Ambos personajes se encuentran, intercambian las presentaciones de rigor y se sirven bebidas. Son ingeniosos, creativos, buenos conversadores, perspicaces... un ejercicio de prestidigitación mental francamente agotador, especialmente porque reta y encandila hasta la última de nuestras oxidadas neuronas. La sangre fría ejerce un pulso con la pasión. Asistimos a un juego y a una condena. A un humillador y a un humillado. En toda su vida jamás habrá vivido lo que en este fin de semana, ni siquiera con mi mujer confiesa el escritor al amante, tras un extenuante intercambio de desafíos. Actores que representan a actores, a cada cual más brillante. Artimañas que se tornan bromas de mal gusto. Deseos de demostrar la superioridad. El sueño que sueña que sueña. Necesidad de ocultar la inferioridad. La farsa que representa la farsa de la farsa. El rizo sobre el ya rizado rizo. Clases sociales que se enfrentan y que demuestran que cada una se ha forjado en diferentes hornos, pero bajo el mismo fuego. Lo que para Vd. es un juego, para mí es supervivencia. Simulación de un crimen que puede vivirse de forma más dolorosa que el propio crimen. Y una búsqueda del límite ajeno que nos enfrenta de forma peligrosa al propio. Juegos que rozan el surrealismo y jugadores que olvidan participar, pues la única regla es que sólo se puede ganar. Tras tal elitista competición nos regala LA HUELLA a Laurence Olivier, Michael Caine y Joseph L. Mankiewicz. Cada uno merece capítulo aparte. Baste decir que si a lo largo del mundo, (que lo dudo), alguien no los conozca, aquí tienen una oportunidad única para descubrirlos. Dicen, los expertos, que la mejor manera de caracterizar un sistema es someterlo a una situación límite, esto es, aquella que provoca su ruptura. Para conocer un material, nada mejor que una apisonadora para comprobar su resistencia a la presión. Disfruten de un clásico donde la degradación nos muestra bastante sobre la conducta humana y mucho sobre el arte de la interpretación... ¿Quién se agravia más, el agresivo o el agraviado?

 

Esta fué la última película de Joseph L. Mankiewicz, el guión era de Anthony Shaffer y Mankiewicz, adapta la obra de teatro “Sleuth”, de A. Shaffer. Se rodó en escenarios reales de Athelhampton House, Dorset, Inglaterra e Iver Heath, Buckinghamshire, Inglaterra y también en los platós de Pinewood Studios. Fué nominada a 4 Oscar: director, banda sonora y a los dos actores. Producida por Morton Gottlieb y su estreno fué el 10-XII-1972 en Estados Unidos.



LA HUELLA suma crimen, misterio y thriller. Enfrenta a dos caracteres que chocan por edad, temperamento, estilo de vida, cultura y métodos. Entre ellos se entabla una lucha sin cuartel destinada a demostrar superioridad y conseguir la capacidad de someter, humillar, dominar al otro y sobrevivir. El espectador no sabe a ciencia cierta cuáles son los propósitos últimos de cada uno de los dos y cuál es el alcance final. Yo recuerdo que mientras disfrutaba viéndola, mi cabeza hacia verdaderos equilibrios para completar tan difícil puzzle... La acción presenta giros sorprendentes que mantienen en vilo la atención del espectador. Se crea una atmósfera enrarecida, densa y opresiva, que trasmite una sensación permanente de amenaza y peligro. Los diálogos son fluidos, ingeniosos, agudos, ricos en referencias cultas, intensos y ocasionalmente grandilocuentes. Las interpretaciones son pura antología, el duelo de actores que se establece entre Olivier y Caine es irrepetible y magistral. El guión combina con acierto humor y terror. Al humor se añaden lances de sátira y farsa. Las relaciones entre los personajes se presentan saturadas de engaños, trampas, bromas, mentiras, simulaciones y propuestas rastreras. Bajo la apariencia de un trato educado y cortés, se cruzan amenazas, intimidaciones y provocaciones sexuales. La acción se mueve a impulsos de deslealtades, traiciones, afanes de venganza, prejuicios de clase, celos, envidias y deseos claros de dominación. Se enfrentan dos seres de idiosincrasias diferentes: uno vive de la fantasía y la ficción y el otro de decisiones pragmáticas; dos clases sociales: la aristócrata y la burguesa; dos culturas: la de conservar privilegios y la de ascender en la escala social mediante el esfuerzo personal; dos maneras de entender la vida: como un juego que suma artilugios articulados, ajedrez, cartas y pasatiempos, o como dedicación al trabajo y a la asunción de riesgos de empresa; dos métodos de acción: el basado en el uso del ingenio y el que se apoya en la iniciativa y el trabajo, todo bajo una capa transparente de una clara homosexualidad.

El film satiriza en cierto modo al género de detectives, critica a la aristocracia y el arribismo de la burguesía, explora la tenue frontera que separa realidad y apariencia, verdad y mentira, certeza e incertidumbre; y propone una interesante reflexión sobre la ambigüedad sexual. Y como es obra del maestro Mankiewicz, se rodea de una decoración exótica y grotesca, todo cuidado al detalle. El retrato de Marguerite Wyke está inspirado en una imagen de la actriz Joanne Woodward... Muchos espectadores se pueden preguntar: ¿Cómo una película con solo dos actores y una casa es capaz de ser lo mejor de la historia?... la respuesta es clara,... con un guión excepcionalmente estructurado y actores simplemente geniales. En mis Oscars personales, teniendo en cuenta todo lo que he visto, que ha sido mucho y muy bueno, la nominaría a las mejores interpretaciones y mejor guión con que me he cruzado en mi larga vida de critico de cine. Con películas así uno siente envidia de la enorme calidad cinematográfica de algunos guionistas, directores o actores. A veces pienso que solo deberían hacerse films cuando se tuvieran ideas así, y tristemente está al alcance de muy pocos. Centrándome en la película, quiero señalar las conversaciones con las que Olivier y Caine van jugando. Se van dando golpes dialécticos creando un lienzo psicológico de golpes a cual más imaginativo. Un juego peligroso sin dolor pero con mayor sufrimiento. Los giros que se van presentando hacen que pase a ser adictiva y ser adicto a todo lo que está comprendido en LA HUELLA, es un arte, doy fé.

Hay películas tocadas por una magia especial, algo que cada vez que vuelves a recurrir a ellas para llenar tu vida te sigue acercando y enamorando de su historia, de sus personajes y de ese recuerdo que tenías de ellas. En esta ocasión, tenemos una película capaz de enganchar al espectador más escurridizo con una historia aparentemente simple e interpretada por unos actores con uno de los tour de force interpretativos más recordados por los que somos historiadores del cine.
Milo Tindle, es un joven atractivo dueño de un salón de belleza, antigua amante de la esposa de Olivier y que va a la mansión del escritor de novelas policíacas Andrew Wyke, y le propone un robo de las joyas de su mujer para poder beneficiarse ambos. Cuando todo parece ir sobre ruedas, el escritor decide hacer una jugarreta a Tindle y hacerle creer que le va a matar, pero todo será un juego, o una venganza hacia Milo. Lo que ambos no saben es que ese primer juego les llevará a una espiral muy peligrosa. En pocas ocasiones, posiblemente está es la única, una película de más de dos horas se sustenta sobre dos únicos actores.
Laurence Olivier ofrece uno de los más importantes personajes de su carrera, con una interpretación soberbia de un hombre calculador y mezquino obsesionado por los juegos que al final todo se vuelve en su contra. Olivier está fantástico en la primera parte de la película, en escenas como en las que juega al billar o cuando está preparando el supuesto robo. En la segunda parte del film, cuando es la víctima, está increíble ante la injusticia que se le presenta encima con la presencia del Inspector Doppler. El actor Michael Caine interpreta al primer personaje maduro de su carrera después de "Alfie". Caine está siempre exquisito, como pobre engañado por Wyke y cayendo de lleno en las ramas del juego. En la segunda parte interpreta al Inspector Doppler gracias al maquillaje que solo deja a la vista sus increíbles ojos azules.

 

 

La película está dirigida por un iluminado Joseph L. Mankiewicz, director entre otras de obras inolvidables como: " Cleopatra", "Eva al desnudo", "De repente, el último verano" o "La condesa descalza". Es una lástima que su enfermedad cerró con LA HUELLA una de las mejores filmografías de la mejor época del cine.


En el año 2007 se hizo un remake del film con el mismo título con Caine haciendo el papel de Olivier y Jude Law haciendo el papel de Caine en una película dirigida por Kenneth Branagh y con guión del Nobel Harold Pinter... pero nada que ver con la obra de Mankiewicz, y de veras que lo siento, pero competir con el maestro del dialogo es casi imposible.

Quizá no les haya hablado aún de Martin Heidegger, el filósofo más importante desde Hegel y, sin duda, el más importante del siglo XX. Creo que, a colación de esta película, se me hace imprescindible, hablar de él. Esta cinta, muy superior a la versión que recientemente han sacado, es como "Ser y tiempo" es a las "Contribuciones filosóficas", o las "Beiträge", que fueron vendidas, en el momento de su edición, como las sucesoras en importancia a las investigaciones realizadas en "Ser y tiempo". Pero una lectura rigurosa, que llevé hace años inducido por mi y por un ceebre critico, muy amigo mio, me ha desvelado que las "Beiträge" no son esa gran obra.. Eso sucede lo mismo con el "remake" de "La huella", es decir, la nueva versión es mala mientras que la primera, de la que aquí hablo, es genial. Igual que sucede, como he dicho, con "Ser y tiempo" que es genial, yo diría, la mejor obra filosófica del siglo XX y que nadie puede dejar de leer, mientas que las "Beiträge" son una mierda, como el remake de "La huella". Este paralelismo me sirve para hablarles de las similitudes entre el término huella y el término "Ereignis" (traducido, mal traducido, diría yo, como "acontecer") y que forma parte del mismo núcleo de la obra de Martin Heidegger, filósofo importante desde Hegel y, sin duda totalmente cierto, por más que le pesó a Wittgenstein, en paz descanse. La huella, como el acontecer, en especial si es dejada sobre la arena mojada de la playa y luego pasa el mar, es temporal y tiende a borrarse, igual pasa con el "acontecer", es decir, que es temporal y tiende a borrarse. Pues la nueva edición de la huella es, digamos, un "acontecer" mientras que la versión que aquí analizo  no es un "acontecer", porque no es una huella en la playa sino una huella en barro que luego se seca y queda para la posteridad y que los arqueólogos del futuro considerarán una especie de fósil.

 

 


La huella es una obra maestra total y absoluta, que recomiendo ver.



Cátedra de cine es lo que brinda el señor Mankiewicz en el que sería su último largometraje y que pondría  punto final a la dilatada trayectoria de uno de los más brillantes cineastas del siglo XX. Aquí plantea entretenimiento psicológico llevado hasta el límite, una confrontación entre dos mentes que sólo quieren una cosa: jugársela de la manera más astuta posible a su rival. En este duelo al sol se valora por encima de todo: la capacidad de sorprender, la picardía y el engaño. Me cuesta concebir toda esta magnificencia sin Laurence Olivier y Michael Caine delante de la cámara. Mankiewicz dio en la diana con estos dos actores ingleses que mantienen un pulso de muchos quilates.

 

 

 

 Apostar por Olivier supone ir a lo seguro, pero en LA HUELLA, crea a un Andrew complejo, altivo y muy seguro de sí mismo. Creo que Olivier aportó grandes dosis de su propia personalidad al escritor, dándole mayor naturalidad y realismo. En aquellos momentos de mi vida personal sentía una pasión y admiración enfermiza por Larry, le veneraba tanto que pensé estar enamorado de aquel rostro y maneras propios de un gigante... y no he podido olvidar aquel viaje a Londres para admirarle en el teatro, donde representaba LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE. Verle sobre un escenario fué como el orgasmo mas intenso de mi vida.