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EL APARTAMENTO

BILLY WILDER

 

 

 

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Para este amante del cine Billy Wilder significa un ochenta por ciento de mi afición el arte de los artes. Sus películas son como dogmas, ejemplos y trayectoria a seguir. Nombrar a Wilder es, como un día dijo el director español Trueba, cuando recogía el oscar a la mejor película extrajera: "Le debo todo a San Billy Wilder". Coincido con él, es mucho mas que un nombre en la constelación de Hollywood, es todo un maestro con las connotaciones que esta palabra representa. Todo en Wilder es genialidad, arte, imaginación, humor y un extraordinario director de actores, volvamos la cabeza hacia atrás, contemplemos su filmografía y huelgan mis palabras.

 

 

Para aquellos que no podemos ser Napoleón, María Antonieta, Cleopatra, Oscar Wilde, Howard Hugues o Charles Kane, existen películas como EL APARTAMENTO, una hermosísima crónica de aquellos personajes grises, ninguneados por el cine o por la historia, gente en cuya vida diaria no interviene ningún hado redentor, sino que avanzan contra la previsible corriente de su destino con la determinación de aquellos que no tienen más opciones en la vida que aguantar lo que se les venga. Jack Lemmon es la encarnación de uno de esos tristes personajes, un tipo mediocre cuyas aspiraciones en la vida pueden contarse con los dedos de una mano. Con el objetivo de ascender en su monótono trabajo, en el que no es más que un número, presta su apartamento para las citas amorosas de sus jefes; hasta el día en que el amor, Shirley MacLaine se cruza en su camino de manera inesperada. El resto de la historia, la dejo a descubrir por los afortunados que se acerquen a ella por primera vez y que sepan encontrar la magia escondida entre esos retazos de drama tristísimo, envueltos en un aroma de sutil comedia. Nunca se le brindó tanta justicia al discreto encanto del aura mediocritas ni tanta poesía a la conciencia de un desarraigo que va más allá de fronteras, nacionalidades y épocas. La recomendaré siempre, de forma incansablemente, una y otra vez.

Pretendo escribir algo original a estas alturas de mi experiencia, de la: probablemente mejor película del mayor talento que ha dado este negocio de contar historias me resulta muy difícil. Algunos la tildaron de "sucio cuento de hadas"; disfrutar de esta obra, es de las experiencias más gratificantes y enriquecedoras que me ha proporcionado el cine. Es increíble la gran variedad de emociones que logra provocarme: te ríes pero no es una comedia, es triste pero no es un drama, hay historia de amor pero es mucho más que una película romántica, critica el moralismo pero no es una película intelectual, es comercial pero tiene personalidad. Parece sencilla, pero es endiabladamente compleja. Me encanta este Wilder, es de esos tipos que no falla jamás. Hay que tener mucho oficio y talento para ser capaz de divertirse con lo amargo y reflexionar amargamente con lo grotesco, y por muy grave que nos parezca el mundo que trata de reflejar, ni se nos pone solemne, ni abandona la sonrisa, ni olvida, por supuesto, las reglas maestras del espectáculo, aquello tan importante como es entretener. Es la película numero 17 de su filmografía, el guión, es de Wilder y I.A.L. Diamond, y se inspira en un episodio de "Breve encuentro", de David Lean. Se rodó en escenarios reales de Nueva York y en los platós de Warner Studios, con un presupuesto de tres millones de dólares de la época. Fué nominada a 10 Oscar, y ganó con total justicia cinco:

 

Mejor película.

Mejor dirección.

Mejor guión original

Mejor dirección artística.

Mejor montaje.

 

Su estreno fué el 15 de junio de 1960 en la ciudad de los rascacielos, fué un exito sin precedentes.

 

 

 

La acción tiene lugar en Manhattan, durante las fiestas de Navidad de 1959. Buddy Baxter es oficinista de una gran compañía de seguros, soltero y con poco éxito entre las chicas. Una de las ascensoristas de la empresa es la simpática Fran Kubelik y su jefe es Jeff D. Sheldrake, un mas que corriente Fred MacMurray. El film combina los géneros de comedia, drama y romance. Es una obra antológica, tierna, brillante, cálida, crítica y desesperanzada. Desarrolla una mordaz, ácida y severa crítica social. Ajustándose a los parámetros de la estética realista, examina la vida y costumbres amorosas en EEUU a finales de los 50 y compone un retrato pesimista de la sociedad. El relato destila tristeza y melancolía. Los caracteres están desarrollados con maestría. Baxter es un empleado ínfimo, solitario, no tiene novia ni familia, desafortunado, a veces no puede ir a su casa cuando acaba la jornada, ambicioso, quiere ascender a toda costa de buen corazón, pero desarraigado, naufraga en un mundo egoísta y explotado. Fran es una muchacha agraciada, de escasa formación, ingenua, ambiciosa y desarraigada. Ambos, posiblemente, son víctimas de un mismo error: buscan el dinero y no aprecian el amor. El film proyecta una gran fuerza visual. Recuérdense los planos de la oficina inmensa y deshumanizada, la carrera desesperada de MacLaine, el espejo roto, etc. Las interpretaciones son magníficas, el ritmo narrativo excelente y la puesta en escena sobria, precisa y magistral, no olvidemos que estamos refiriéndonos a Wilder.


No faltan referencias criticas propias de Wilder, como su condena a la publicidad, al matrimonio indisoluble, la hipocresía, la codicia, el acoso sexual de la mujer en el trabajo. También incluye referencias al arte MOMA, a los coches antiguos, trenes y estaciones, estrellas de la categoría de Greta Garbo, Marilyn, Joan Crawford..., y a películas como "Grand Hotel" y  "La diligencia".. El maestro extrae comicidad de malentendidos, falsas suposiciones, enredos, desventuras personales. La música aporta una banda romántica con 2 temas principales: "The Jealous Lover" y "You Are My Love". "Lonely Room" explica la soledad de Buddy. Añade varios fragmentos de Glenn Miller y culmina con el maravilloso Capricho Italiano de mi adorado Tchaikovsky. La fotografía, de Joseph LaShelle, subraya el tono melancólico del relato, realza la expresión corporal y aporta a la narración elementos visuales, puros zapping, en el movimiento de Baxter, como si fuera a ritmo de calculadora. Debo confesar que Jack Lemmon está insuperable, difícil es de elegir una de sus interpretaciones de su exitosa filmografía, pero en EL APARTAMENTO para mi es lo mejor que he visto de este actor, maestro en todo lo que se propone. A Wilder le surgió la idea de hacer esta película a raíz de Brief Encounter, de David Lean. En dicha película dos enamorados tienen sus "encuentros" en una casa prestada por un amigo, pues bien, a Wilder se le ocurrió contar la historia de ese amigo, del que no tiene amor pero sí una casa para prestar. No sólo la contó a la perfección, sino que logró crear uno de los personajes con más vida en la gran pantalla: el tierno e inolvidable C.C. Baxter, un empleado más en su pequeño escritorio, soltero y solitario, por esa razón sus jefes ven en él una oportunidad para conseguir un sitio donde llevar a sus amantes, a cambio de ascensos. En el film hay escenas patéticas, ya que sus superiores empiezan a abusar del uso de su casa y Baxter tiene que despertar en plena noche y salir a dar paseos nocturnos solo, mientras ellos retozan. Pero todo cambia cuando empieza a conocer a la señorita Kubelik, Shirley Maclaine, ascensorista de la empresa y amante de uno de sus jefes y de la que se enamora locamente. Por ella está dispuesto a cambiar, a no dejarse pisotear más, la ama y no desea que le hagan ningún daño.

Son muchas las películas del maestro vienés en las que la dignidad del protagonista, de una forma o de otra, queda mermada, sea el escritor Joe Gills en esa obra mas que maestra que es SUNSET BOULEVARD o bien el implacable Chuck Tatum en "Ace in the hole", pero a diferencia de estos personajes, el de Lemmon la recupera por completo sin mayor perjuicio que quedarse sin empleo. EL APARTAMENTO es la película más completa de Wilder, dejando en un lugar preferente la que para este cinéfilo su ojo derecho: EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES. Wilder en EL APARTAMENTO no utiliza actores, son elementos de la misma vida, también los traspasa en su portentosa colaboración con el guión de Diamond. El maestro ha dicho que de entre las películas que él ha dirigido, es su favorita. Lo cuenta en un libro que recomiendo "CONVERSACIONES CON BILLY WILDER", de Cameron Crow. A pesar de ser considerado por los más moralistas como un cuento de hadas pornográfico, el filme es una obra total, ya que es muy difícil crear personajes tan conmovedores como C.C. Baxter, que te arranca una sonrisa con cada frase, y más difícil aún, crear una historia de amor tan creíble sin un solo beso; eso sí, con la partida de cartas más bella, emotiva y romántica de la historia del cine. Película absolutamente perfecta donde Jack Lemmon y Shirley MacLaine brillan como dos diamantes en bruto, puliéndose secuencia tras secuencia desde el principio a ese final que acabo de mencionar de la partida de cartas en el sofá. Un soberbio guión que danza al compás de una varita mágica magnífica, al compás de un adagio en sol menor de un director, maestro y padre de historias a simple vista simples. Destaco el final de la película, uno de los más bellos que he visto, con muchísima potencia emotiva y con una frase final tan significativa, como trivial fuera de contexto.

 

 

Me doy cuenta de que cuando estoy escribiendo, si el film lo merece, mis adjetivos pueden parecer excesivos, pero EL APARTAMENTO lo merece, de entre todas esas películas que yo considero mis favoritas, a las que puedo puntuar diez sobre diez, con ésta me faltan números y necesito urgentemente otra categoría. Este articulo está escrito por alguien que goza orgasmicamente viendo buen cine, alguien que, desde "Annie Hall" no había sonreído de satisfacción, de alegría, de profundo agradecimiento por tantos buenos momentos, hasta que desafortunadamente aparecen las letras "The End". En definitiva, alguien loco por el cine, un ilusionado, también un privilegiado por amarlo y me emociona serlo.
 


Es la comedia más agria de Billy Wilder, tan divertida como descorazonadora, con algunos de los diálogos más demoledores que he oído nunca, frases lapidarias, durísimas, inteligentísimas, dolorosas, mordaces, bestiales. La mezcla entre drama y comedia es perfecta, sutil, por momentos ríes o todo es amargo, ¿no es así la vida misma? La sonrisa de Shirley es adorable, toda ella lo era en aquellos años, y lo sigue siendo en su madurez, viéndola te entran ganas de atravesar la pantalla y abrazar a ese ángel vestido de ascensorista, como también al pobre Lemmon. La conversación del bar no sólo es una de las escenas más brillantes y profundas de la película, sino una de las mejores que he visto nunca, es dura, sincera, directa y cercana. Una secuencia maravilla entre la dulce Shirley MacLaine y el carismático Fred MacMurray. La he visto varias veces en DVD, y la seguiré viendo de nuevo, porque es conmovedora, bella y demoledora, como el discurso de la película, y todo sin utilizar ni un solo gramo de sentimentalismo. Así se hacen las grandes obras maestras, así se escriben los grandes dramas, las grandes comedias, de humor elegante, sutil, inteligente, elaborado. Wilder era un genio, y aquí con EL APARTAMENTO está su genialidad. Recuerdo que conforme la película avanzaba, sentía que no sólo me estaba atrapando, no sólo me estaba transmitiendo algo, no sólo me sentía dentro de la película, con ganas de abofetear a unos, ayudar a otros y acompañar a Baxter en la noche de la víspera de Año Nuevo. Me veía y me sigo viendo parte de la película, sentía igual que ellos y vivía en mi interior lo que ellos vivían. No siempre una película te transmite tanto, y te hace sentir esas emociones. Miro hacia atrás sin ira, y compruebo que en aquellos años jóvenes cuando la descubrí pocos guiones me parecían tan perfectos, el blanco y negro nunca fué tan bello. Hacía tiempo que no me veía como hoy cuando aparecen los títulos de crédito, mis ojos brillan de emoción, una indescriptible sensación en el cuerpo y una sonrisa involuntaria en mi rostro... !!qué grande es el cine y qué bellos momentos !!

 

 

Billy Wilder es uno de mis directores favoritos, los otros dos son: Luchino Visconti, Alfred Hitchcock, Bernardo Bertolucci y Joseph. L. Mankiewicz, es por eso que no puedo ser demasiado objetivo al escribir un articulo sobre una película determinada de su filmografía. De todas formas con Wilder da igual ser objetivo o subjetivo ya que es un genio y eso lo saben hasta en Tahití. EL APARTAMENTO, es una de mis preferidas y la considero una de las mejores películas de todos los tiempos, no solo por su género de comedia amarga. Grandísima sátira sobre la vida moderna de una gran ciudad, donde nos presenta a un hombre absorbido por el ansia de ascender en su trabajo en una gran compañía situada en un rascacielos de Manhattan. Un personaje inolvidable, interpretado por Jack Lemmon, él cede su apartamento a los jefes de su empresa para que lleven allí a sus conquistas a cambio de ascender en la escala de la empresa, mientras nuestro amigo pasa por todo tipo de penalidades y situaciones absurdas. Pero como a todos nos llega en algún momento la chispa del amor y nuestro protagonista no iba a ser menos, solo que conoce a la chica equivocada. No destripo mas, hay que verla, sobre todo a las nuevas generaciones de hoy y son por unas cuantas razones: un guión maravilloso escrito por Wilder y su colaborador habitual, I.A.L Diamond lleno de corrosivos, inteligentes y críticos diálogos, también la habitual maestría de Guilder manejando la cámara, una fotografía en blanco y negro esplendida y atención a los decorados: el apartamento y la oficina de Baxter son simplemente grandiosos. Al principio nos adentramos en un lienzo de tono cómico que va a caracterizar toda la película. La hilarante escena en la que C.C. Buxter mueve la cabeza al ritmo de la máquina de escribir es una perfecta presentación para esta comedia del director que más aportó al genero. Otros grandes éxitos de Wilder como Con faldas y a lo loco o Bésame tonto, provocan la risa en el espectador de una forma similar a lo que anteriormente habían hecho los hermanos Marx. Los continuos golpes cómicos, como cualquier escena en la que aparece Lemmon junto a su vecino, se intercalan con una trama en la que se muestra cómo la gente normal busca las formas más variopintas para conseguir un trato de favor o un ascenso por parte de sus jefes. Mostrando lo que más importa, por lo general, al ser humano: el trabajo y el amor, junto con una interpretación formidable, se consigue una de las mejores comedias de la historia del cine.


 

 

Las directrices de los actores es una labor estrictamente de los directores, salvando a los grandes monstruos de la pantalla, donde solo hay que gritar !!acción!! y los registros se disparan, en muchas ocasiones incontrolables, cuando el actor o la actriz llevan cosidos una credibilidad lacerante o interpretaciones completamente difíciles de igualar, pero lo que si es propiedad condenada del director es el resto, o intentar crear un actor donde no existe ni la mas minima materia prima. En el cine actual, el maestro Wilder sudaría sangre y lagrimas si delante de la cámara tuviera a mediocridades como Tom Cruise, Brad Pitt, Penélope Cruz, y así una larga lista, de la que me niego a detallar por su falta de interés para este cinéfilo, pero existen actores hoy en día por los que siento vergüenza ajena y los que he nombrado son algunos de ellos. EL APARTAMENTO afortunadamente quedó libre de estas osadías interpretativas, y los actores, junto con el guión, consiguen que una puesta en escena, combinada con los elementos mencionados, hagan que esté considerada como una obra difícilmente igualable. La fotografía sirve para dar la sobriedad a un clásico de Hollywood, a un film que por sus muchos factores no pierde vigencia con el paso de los años. Lo que aporta es tanto, junto con el interés que suscita, que  hacen que la recomiende, porque es pieza obligatoria para cualquier amante del séptimo arte. Grande, muy grande esta película. Atemporal, simple, ingenua, ingeniosa, falsa, más real que la propia vida, cómica, triste...!!Genial!!. Creo que Billy Wilder pensó realizar en imágenes una historia normal, sin grandes artificios, pero todo esto que en manos de otro profesional sería una película de serie B, aquí su maestría la convierte en una obra imprescindible del séptimo arte. He querido escribir sobre ella y no me esperaba la lluvia sobre mi mente, recuerdos, fechas....Es inevitable, porque esta es mi forma de escribir, no podría hablar de una película, sin recurrir a mis vivencias personales y a veces las íntimas, por eso nado en esta piscina libre, quizá por las esperanzas que me ofreció en unas fechas criticas de mi existencia, pero lo cierto es que gozar es sentir placer, escribir es hacer historia personal, y comprender a uno de los protagonistas como si fueses tu mismo es mi gozo y la humedad me invade bajo esa fría lluvia. Por lo demás es magnífica porque rompe esteriotipos, no es una comedia, ni un romance típico, tal y como se suele mostrar siempre, sino que combina varios elementos para crear una excelente tragicomedia, real como la vida misma, en donde yo bailé mi primer vals. 

No quiero olvidar una secuencia que me encanta, la escena de las pajitas.

Muchas virtudes tiene el film, pero sin duda la más importante de ellas, es su profundidad, rabiosa y categóricamente humana. Te la crees y compartes la suerte de la pareja protagonista, sonríes en sus momentos dulces y padeces en las situaciones difíciles. Es tal la compenetración con la historia que no importa que te estén contando algo que, al fin y al cabo, es una pagina en la vida normal de muchos seres humanos. Y gran parte de esa sensación se logra por una descripción de personajes impecable, con virtudes y defectos, y a la recreación por parte de un actor, Jack Lemmon, regalandonos una interpretación antológica, cargada de carisma, como lo es el camino trazado de un empleado que vende su dignidad para abrirse un hueco entre sus compañeros mujeriegos y corruptos y que conforman la cúpula de su empresa. Shirley MacLaine, sobresale victoriosa como siempre, muy joven, dulce y bella, encarnando a una ascensorista con una apariencia, aparentemente de rectos principios morales, logrando que te sientas enamorado de ella al primer golpe de vista y compartirla en mis recuerdos cinematográficos de mi vida, como lo estuvo también en Irma la dulce, papel en principio destinado a Marilyn Monroe, y que dirigió el maestro Wilder, con el mismísimo Jack Lemmon de pareja protagonista, para fortuna del film. No puedo evitar pensar en mi adorable Marilyn como Irma, su dulzura y sensación de abandono, le hubieran dado al papel otro lienzo, no sé si mejor o peor que Shirley, pero ambas lograrían que los que le amamos, siguiéramos diciendo: !! QUE GRANDE ES EL CINE !!.


Compone una mirada crítica de cómo está estructurada la sociedad, sus relaciones obligadas, sus pautas a seguir, su deshumanización. En ella, los personajes perdidos en la mediocridad, tratan de dar sentido a sus vidas. Logran que el espectador empatice con ellos, que se reconforte al ver que en sus fracasos hay humanidad y una simpatía que se ven ahogadas por la mecánica del mundo en que viven. Es cruel el ácido retrato de la empresa, como existen muchas a lo ancho y largo del mundo, en la que por lo visto los méritos no cuentan a la hora de ascender, sólo hacer la pelota y ser un obediente y servil empleado, los enchufes y las extorsiones están a la orden del día y, en suma, se la despoja de toda seriedad y rigor para terminar mostrando cómo, con simples favores, se puede llegar mucho más alto que haciendo bien tu trabajo. Quiero destacar también la ironía respecto a algo tan importante en la sociedad como son las apariencias, encarnada sobre todo en Baxter, a quien no parece importarle lo que piensen de él sus vecinos, creando un personaje antipático, irresponsable y mujeriego a los ojos de quienes le rodean. Está también el aspecto romántico. Aquí la obra llega a su punto más elevado, es tal la química entre Lemmon y MacLaine que desde el primer momento deseas con todas tus fuerzas que esa relación imposible llegue a buen puerto. No hay nada mas cruel, duro y penoso como el hecho de amar a alguien que sabes no te corresponde, es el pensamiento continuo de Baxter, el haberse forjado un intenso vacío sentimental a fuerza de prestarse como herramienta para el juego de aquellos que dictan su destino profesional. Desde luego, y como es habitual en el maestro Wilder, no trata ninguna de estas situaciones con una solemnidad excesiva, pero tampoco cae en la desensibilización y el resultado: un equilibrio casi perfecto. Si algo ha envejecido con los años es el humor, pero francamente "querida, me importa un bledo"-. La cuestión es que la película crea una simpatía increíble, la recibes con una sonrisa y al final, en ese hermoso y sencillo final, no te queda otra que dibujar una sonrisa aún más amplia. Es una gran comedia porque te hace sentir bien, no porque haga reír a cada rato. De hecho, hay un único momento concreto en el que la obra me arrancó una buena carcajada. Ocurre al principio: Baxter está dispuesto a ver "Gran hotel" y tiene que tragarse antes el mensaje de un patrocinador, con lo que se entretiene haciendo zapping mientras esto ocurre. Vuelve, y se prepara por fin para el inicio de la película: "Pero antes, escuchen el mensaje de nuestro segundo patrocinador". Con lo cual, nuestro protagonista apaga la televisión y se va a dormir. Esa tontería, ese momento tan poco destacable entre el resto, me arrancó una risa tan espontánea que aún lo recuerdo y no creo que olvide nunca.  Seguiría hablando y hablando de las numerosas cualidades de este clásico.... Sólo decir que me parece una película sincera y hermosa a su manera, carente de la artificialidad de las grandes obras, que hace de la sencillez y la lucidez sus principales bazas para narrar una pequeña fábula cotidiana, y logra con ello emocionar con una intensidad al alcance de muy pocas. No es ya la excelencia del guión, de las caracterizaciones de sus protagonistas, ni siquiera de las numerosas frases míticas que acompañan los diálogos. Además, EL APARTAMENTO tiene mucha magia y el carisma para que su historia toque la fibra.

Recomendada para ver una y otra vez, sobre todo por los jóvenes. Esto es el cine y el buen cine no cansa, crea afición.

 

Billy Wilder se ensaña en descubrir los sentimientos y formas de actuar que tenemos las personas, con situaciones reales en las que podemos vernos envueltos en cualquier momento. Su fluidez narrativa y el ritmo tan adictivo que tiene la película es una seña de identidad de Wilder, sencillamente extraordinaria.
Cuando ella descubre que Baxter se ha negado a prestar el apartamento a su jefe, la muchacha corre precipitadamente al apartamento de Baxter, que se ha hecho auténtico. Este plano, parodiado por Woody Allen en Manhattan, evidencia que los momentos de intensa felicidad, deudores del azar, nos permite abrigar la sospecha de que la vida es hermosa aunque a veces nos resulte decepcionante. Amarga hasta la lágrima pero tremendamente divertida, conmovedora y profundamente triste. ¡Cuán mágico es el sonido del amor cuando fluye, como un río, dando incondicionalmente! ¡Cuán grande su poder cuando el bienestar del otro se convierte, por sí mismo, en mi propio bienestar!. El amor es emanación, proyección, desprendimiento… es también soltar y preservar, al mismo tiempo, te dejo ser sin manipulación alguna, pero me siento contigo porque me importa, plenamente, tu felicidad. Y el amor luego vuelve a mí, porque dar es igual a recibir a condición de que, el recibir, no sea lo que se espere, pues, lo que se da con un interés preclaro de compensación, con frecuencia recibe como paga la significativa y merecida decepción. El amor que se expresa en el dar por el simple gozo de fluir, es glorioso, bendito, y puedes identificarlo porque, al vivirlo o sentirlo en el ejercicio que otros hacen, te llenas de una emoción plena e inconmensurable. Y es cuando se reconoce lo grande que es el ser humano. Billy Wilder, dotado de una sensibilidad capaz del más sutil entendimiento humano, teje una historia en la que, cada plano, cada movimiento y cada palabra, confluyen a plenitud para darnos una de las más bellas historias de amor que haya alcanzado el séptimo arte. UNA OBRA MAESTRA. ¿Qué decir del viejo Wilder? Todo un clásico con su ambigüedad entre la comedia y el trasfondo serio, y con su capacidad para mezclar la sonrisa o incluso la carcajada con la mueca de desagrado. Son muy interesantes los tipos así, y no es que abunde precisamente ese don, es cuestión de genio. Y esta película es la obra de un genio, es su obra cumbre. La humanidad lo envuelve todo en esta agridulce película, de tal modo que hasta una simple raqueta de tenis puede competir en melancolía con la mirada de una ascensorista, por no hablar de esa asoladora metáfora visual que constituye el espejo roto de una polvera. Como la vida misma, la película solo es posible seguirla entre la lágrima y la sonrisa. 

 

El gran director judío apuesta siempre por enseñarnos la realidad más cercana a los desheredados, a los débiles, a los aprovechados y cínicos embaucadores, a los erráticos viajantes por un mundo que les viene demasiado grande o demasiado pequeño, y aunque puedan parecer extremos utópicos, ellos no son más que el reflejo simbólico de la mayoría. Recordemos la histriónica pareja protagonista de Con faldas y a lo loco, el “rodríguez” de La tentación vive arriba, el patético aunque encantador gendarme de Irma la Dulce, el ingenuo periodista de En bandeja de plata, la romántica dependienta de una tienda de moda londinense en Avanti!...Billy Wilder utiliza la cámara para expresarnos hasta el tuétano lo que le ocurre a la gente de verdad; ignora a los héroes para describirnos genuinos gestos y sentimientos con una destreza incalculable; te hace identificarte hasta el dolor con la protagonista, sentir sus propias emociones, comprender sus arrebatos, asumir su papel de mujer engañada y profundamente enamorada, participar de su visceral y fallido intento de suicidio, y compartir sus pensamientos. Y es que la sutil ironía de Wilder y su habitual visión corrosiva de la vida, acertó de pleno desmontando el capitalismo salvaje impuesto como sistema económico y como forma de vida totalmente impersonal y materialista. Realmente en el film no hay personajes positivos, todos se mueven por un interés más o menos material (o físico), en el que no dudarán en mentir, o dejarse pisotear para conseguirlo. 

Si bien todo el reparto está a una gran altura, Lemmon está en otra dimensión, su composición de persona normal y corriente, es enorme, arrancando multitud de matices a su personaje y consiguiendo que el espectador le desprecie o se compadezca de él según la situación. El trabajo del guíón también es magnífico, salpicando de excelentes diálogos una situación que se nos antoja cómica, pero que en fondo oculta no pocas dosis de amargura y mala leche. Por ello, este film nos deja una sensación un tanto agridulce. Pese a lo divertido de algunas situaciones, oculta un trasfondo negro, de cierto pesimismo no tanto de una situación concreta sino más bien general. Muchos sectores de izquierdas vieron en este film una feroz crítica hacia el sistema capitalista, pero, a mi entender, el punto de mira de Wilder iba más bien dirigido al ser humano en general, capaz de lo mejor, pero (lamentablemente) también de lo peor.

 


Lo dicho, una obra maestra, tanto por la descripción de la época, como por su ritmo y el desarrollo de los personajes. Estas son las películas que hay que ver obligatoriamente.